Cuento

Mamá me pica

Cuando era pequeño me picaba un poquito,

era muy guapo, parecía un monito.

Crecí un poco y me picaba más y más y más,

me rascaba sin parar.

Mis pupas eran grandes, las tenía

aquí, acá, allá, por allí y por allá.

Mamá me echaba cremitas, me cogía,

me daba mimitos, caricias y medicinas.

Me contaba un cuento y yo me dormía.

Mi mamá médico.

Pero al poco me despertaba y gritaba

 ¡¡ mamá me pica !!

Me ponía malito y no podía respirar,

tosía sin parar.

Mamá estaba preocupada y cuanto

más preocupada tanto más estudiaba.

Mi barriguita a todas horas empezó a dolerme,

 mamá mimitos, masajitos

y manzanilla me daba.

Luego se me fue la voz, pero yo seguía jugando,

algunos días la voz venía y otros

me quedaba esperando.

 

Después se marchó el sueño,

por las noches yo quería dormir

y sin embargo el sueño seguía sin venir.

Pero el picor y las pupas no se iban nunca,

siempre estaban aquí,

en mi.

Mamá me cogía, me acariciaba,

 me echaba más cremitas y más medicinas me daba,

pero yo no mejoraba.

Y por las noches me despertaba y gritaba

 ¡¡mamá me pica!!

Mi mamá estaba muy preocupada,

mientras más medicinas me daba

más intranquila estaba.

Andaba de aquí para allá

 con sus libros, mis cremas y demás.

Cuando cumplí 4 años mamá encontró

que tenía una alergia a la leche y al huevo.

Me dijo que no iba a poder comer algunas

comidas que a mí me gustaban.

Entonces mejoré un poquito y mamá

más estudiaba y más buscaba.

 

Conoció a su amigo Félix, con su bigote blanco,

que le enseñó muchas cosas que no estaban

 en los libros de las intolerancias a los alimentos

Mamá médico me quitó más

comidas que me gustaban,

pero no me importaba porque

ya menos me picaba, las pupas se iban,

volvía el sueño y la barriguita no me dolía.

Aprendí lo que era la “intolerancia” a los alimentos.

Ni mamá, ni yo la conocíamos.

Mamá médico me quitaba un alimento,

pero otro a su vez me daba.

Por fin me quitó las medicinas

que a ella tanto le preocupaban.

En el cole también me hicieron

unas comidas solo para mi

y mis amigas Laura y Ángela me decían

que yo tenía mucha suerte

porque comía siempre una comida especial.

Al principio yo hacía trampas y quería

comer lo que más me gustaba,

pero cuando a escondidas lo hacía

me picaba todo mucho más,

me dolía la barriguita y me costaba respirar.

A veces no me gustaba pero

ya no se me iba la voz,

ni me dolía la barriguita,

ni tenía tos, podía respirar bien

y casi no tenía pupas ni picor.

¡Ya podía dormir!

Después del cuento de mamá solo me

despertaba si tenía pipí, pero ya no me picaba.

Como me he portado muy bien

y mamá médico me va vigilando,

cuando a mi cuerpo se le olvida que algunas

comidas eran malas para mi, poco a poco

me va dando algunos de los alimentos

que me había quitado.

 

He crecido, ya tengo casi 7 años

y como casi de todo.

Yo ya he aprendido que cuando mi mamá

dice que algo no se puede comer

no hay que comer ni un poquito,

ni un cachito, ni una miguita,

nada de nada.

Y yo se lo enseño a mi abuelo,

porque ahora es a el a quien le pica:

“Abuelo, ni una galletita, aunque sea chiquitita”.

 

 

 

Este cuento no está basado en hechos reales, son hechos reales.

 

Dra. Mª Mercedes López Jiménez.

 

2 pensamientos sobre “Cuento

  1. Gracias por contar algo tan serio como es la salud junto a nuestra alimentación en forma de cuento. Que los niños sepan apreciarlas es una tarea en la que todos y cada uno de nosotros deberíamos contribuir.
    La literatura también nos enseña a vivir. Un beso Mercedes.

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